Pregunta curiosa

¿Por qué cuando una persona tararea una canción, otra persona que está al lado acaba haciéndolo?


Podríamos decir que el responsable de que tarareamos una canción cantada por una persona ser por el contagio emocional, la música tiene una expresión emocional que es imitada por el oyente induciendo la misma emoción en su cerebro.

Son tres factores que juntos podrían dar la respuesta: emoción musical, la empatía y las neuronas espejo.

Emoción musical.

Desde la antigüedad la música se ha considerado como un arte. Es un código, un leguaje universal, que está presente en todas las culturas de la historia de la humanidad.

¿Quién no ha experimentado una emoción mientras escuchaba música? El sonido y la música nos producen emociones.

Nuestro estado de ánimo muchas veces se ve reflejado por el tipo de música que escuchamos o entonamos. Una canción triste puede inducirnos aún más tristeza, mientras que una canción alegre puede darnos unos minutos de felicidad.

La empatía.

Es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender su visión de la realidad, su postura y sus opiniones.

Nuestras neuronas espejo, activarían en nosotros las mismas emociones que esté sintiendo la otra persona, entrando en sintonía y permitiéndonos así comprender y ayudar a los demás.

Somos seres sociales y necesitamos a los demás para sentirnos bien. La empatía explica por qué somos más felices si estamos rodeados de personas que lo son, o por qué nos contagiamos de la tristeza o negatividad de algunos seres humanos.

Neuronas espejo

Las neuronas espejo son un tipo de neuronas que se activan cuando un animal ejecuta una acción y cuando observa esa misma acción al ser ejecutada por otro.

Son capaces de reflejar también aspectos emocionales.

Somos seres emocionales y cada vez que interactuamos entre nosotros, se produce un intercambio emocional.

En este intercambio emocional, las neuronas espejo podrían desempeñar un papel fundamental y están relacionadas con la imitación de conductas y la empatía. De forma inconsciente, tendemos a imitar las reacciones de los demás. Si sonríen sonreímos, si están nerviosos nosotros también, haciendo de las relaciones una especie de cortejo que evalúa el grado de conexión o empatía que tenemos con la otra persona. Se cree que es una ventaja evolutiva que nos ayuda a vivir en grupo.